martes, 6 de marzo de 2012

..."El nombre de la rosa" (Umberto Eco)...textos y film completo...


"EL NOMBRE DE LA ROSA"

Umberto Eco

Textos seleccionados.

“De la rosa, lo único que nos queda, es su nombre”

 Introducción:  El manuscrito de Eco, del cual extraemos aquí, algunos fragmentos, relata los terribles acontecimientos sucedidos en una abadía italiana ( cuyo nombre se oculta ) hacia finales del año 1327; lastimosos crímenes que giran en torno a un misterioso texto, presuntamente desaparecido: el segundo libro de la Poética de Aristóteles, libro consagrado a la exaltación de la comedia y de la risa, como vías posibles para la obtención de la inteligencia. Copia peligrosa, para aquellos celosos guardianes del saber que se habían sentido amenazados en sus dogmas, por lo cual  también  se ocultaron otros textos, otros autores, que podrían  sembrar la duda en la fe, de los fieles, ( máxime teniendo en cuenta que los doctores de la iglesia habían señalado a las obras del Filósofo, como un proemio a la filosofía cristiana ).  Se sospecha del anciano y ciego, hermano Jorge, custodio de la laberíntica biblioteca del monasterio, quien sin embargo, leyendo los signos de los tiempos, señala como causa la  presencia, del espíritu del mal. El hermano franciscano Guillermo de Baskerville y su discípulo Adso de Melk, investigarán acerca de dichos oscuros sucesos. El joven Adso, fiel testigo, nos narra en sus recuerdos, ya siendo anciano, aquella, quizás, posible, historia.


“En el principio era el Verbo y el Verbo era en Dios, y el Verbo era Dios. Esto era en principio, en Dios, y el monje fiel debería repetir con salmodiante humildad ese acontecimiento inmutable cuya verdad es la única que puede afirmarse con certeza incontrovertible. Pero videmus nunc per speculum et in aenigmate ( vemos a través de un espejo y entre enigmas ) y la verdad, antes de manifestarse a cara descubierta, se muestra en fragmentos ( ¡ay, cuán ilegibles! ), mezclada con el error de este mundo, de modo que debemos deletrear sus fieles signáculos incluso allí donde nos parecen oscuros y casi forjados por una voluntad orientada hacia el mal.” ( ... )      
“Sin duda, un monje debería amar humildemente sus libros, por el bien de estos últimos y no para complacer su curiosidad personal, pero lo que para los legos es la tentación del adulterio, y para el clero secular la avidez de riquezas, es para los monjes la seducción del conocimiento ( ... ). No me asombré de que el misterio de los crímenes girase en torno a la biblioteca. Para aquellos hombres consagrados a la escritura, la biblioteca era al mismo tiempo la Jerusalén celestial y un mundo subterráneo, situado en la frontera de la tierra desconocida y el infierno. Estaban dominados por la biblioteca ( ... ) vivían con ella, por ella, y, quizá, también contra ella, esperando, pecaminosamente, poder arrancarle algún día todos sus secretos.
Tentaciones, sin duda; soberbia del intelecto. Muy distinto era el monje escribiente que había imaginado nuestro santo fundador, capaz de copiar sin entender, entregado a la voluntad de Dios.
Mientras ( el saber ) permaneciera oculto, su prestigio y su fuerza seguirían intactos, a salvo de la corrupción de las disputas ( ... ). Por eso, dije para mí, la biblioteca está rodeada de un halo de silencio y oscuridad; es una reserva de saber, pero sólo puede preservar ese saber impidiendo que llegue a cualquiera, incluidos los propios monjes.”  
( ... ) “Eran tantas las desgracias que habían afligido a la abadía. ( ... ) Todos, sin excepción alguna, debían hacer un severo examen de conciencia. ( ... ). Pero como alguien debía hablar, el Abad proponía que la admonición viniera de quien por ser el más anciano de todos y encontrarse ya cerca de la muerte, se hubiese menos visto en las pasiones terrenales que tantos males habían ocasionado.
( ... ) “Queridísimos hermanos- empezó diciendo, los cuatro muertos que afligen a nuestra abadía ( ... ) no deben, lo sabéis, atribuirse a los rigores de la naturaleza. ( ... ) El que ha matado soportará ante Dios la carga de sus culpas, pero sólo porque ha aceptado ser el  intermediario de los decretos de Dios ( ... ) ¡yo os digo que esta destrucción ha sido, si no querida, al menos permitida por Dios para humillación de nuestra soberbia!.En esta comunidad- prosiguió- serpentea desde hace mucho el áspid del orgullo. Pero, ¿qué orgullo? ( ... ) El de interpretar su trabajo, ya  no como custodia, sino como búsqueda de alguna  noticia que aún no haya sido dada a los hombres.( ... ) Del trabajo de nuestra orden y en particular de este monasterio, es parte, incluso esencial, el estudio y la custodia del saber. La custodia, digo, no la búsqueda, porque lo propio del saber, cosa divina, es el estar completo y fijado desde el comienzo en la perfección del verbo que se expresa a sí mismo. ( ... ) No hay progreso, no hay revolución de las épocas en las vicisitudes del saber, sino, a lo sumo, permanente y sublime recapitulación. La historia humana marcha con movimiento incontenible desde la creación, a través de la redención, hacia el retorno de Cristo triunfante, que aparecerá rodeado de un nimbo, para juzgar a vivos y a muertos. Pero el saber divino y humano no sigue ese curso: firme como una roca inconmovible, nos permite, cuando somos capaces de escuchar su voz con humildad, seguir y predecir ese curso, pero sin que éste haga mella en él. Yo soy el que es, dijo el Dios de los hebreos, Yo soy el camino, la verdad y la vida, dijo Nuestro Señor. Pues bien, el saber no es otra cosa que el atónito comentario de esas dos verdades. Todo lo demás que se ha dicho  fue proferido por los profetas, los evangelistas, los padres y doctores para iluminar esas dos sentencias. Y a veces algún comentario pertinente se encuentra incluso en los paganos, que no los conocían, y cuyas palabras han sido retomadas por la tradición cristiana. Pero aparte de eso no hay nada más que decir. Sí, en cambio, que meditar una y otra vez, que glosar, que conservar. Ésta y no otra, era y debería ser la misión de nuestra abadía, de su espléndida biblioteca. Se cuenta que en cierta ocasión, un califa oriental entregó a las llamas la biblioteca de una famosa ciudad  ( ... ) porque, o bien repetían lo que ya decía el Corán, y por tanto eran inútiles, o bien contradecían lo que afirmaba ese libro que los infieles consideran sagrado, y por tanto eran dañinas. Los doctores de la iglesia, y nosotros con ellos, no razonaron así.
Todo aquello que contradice lo que ellas afirman no debe ser destruido, porque sólo si se lo conserva es posible contradecirlo a su vez, por obra del que sea capaz, y haya recibido la misión de hacerlo, del modo y en el momento que el Señor disponga.
( ... ) Y yo digo a quien se ha empeñándose en romper los sellos de los libros que le están vedados, que ése es el orgullo que el Señor ha querido castigar. ( ... ) Pero ¿ quién es, en definitiva, el símbolo mismo de este orgullo?... ¡es la bestia inmunda, el Anticristo!...”       
( ... ) Nunca he dudado de la verdad de los signos, Adso, son lo único que tiene el hombre para orientarse en el mundo. Lo que no comprendí fue la relación entre los signos. He llegado hasta Jorge siguiendo un plan apocalíptico que parecía gobernar todos los crímenes y sin embargo era causal. He llegado hasta Jorge persiguiendo el plan de una mente perversa y razonadora, y no existía plan alguno, o mejor dicho, el propio Jorge se le fue de la mano su plan inicial y después empezó una cadena de causas ( ... ) que procedieron por su cuenta, creando relaciones que ya no dependían de ningún plan. ¿ Donde está mi ciencia? He sido un testarudo, he perseguido un simulacro de orden, cuando debía saber muy bien que no existe orden en el universo. ( ... ) Es difícil aceptar la idea de que no puede existir un orden en el universo, porque ofendería la libre voluntad de Dios y su omnipotencia. Así, la libertad de Dios es nuestra condena, o al menos la condena de nuestra soberbia.
Por primera  y última vez en mi vida me atreví a extraer una conclusión teológica:
-           ¿Pero cómo puede existir un ser necesario totalmente penetrado de posibilidad? ¿Qué diferencia hay entre Dios y el caos primigenio? Afirmar la absoluta omnipotencia de Dios y su absoluta disponibilidad respecto de sus propias opciones, ¿ no equivale a demostrar que Dios no existe?
Guillermo me miró sin que sus facciones expresarán el más mínimo sentimiento, y dijo:
-           ¿Cómo podría un sabio seguir comunicando su saber si respondiese afirmativamente a tu pregunta?
No entendí el sentido de sus palabras:
-           ¿Queréis decir – pregunté – que ya no habría saber posible y comunicable si faltase el criterio mismo de verdad, o bien que ya no podríais comunicar lo que sabéis, porque los otros no os lo permitirían?...”

Eco, Umberto; El nombre de la rosa, Barcelona, R. B. A. Editores, 1993.
“Stat rosa prístina nomine, nomina nuda tenemus.”
“De la rosa, lo único que nos queda, es su nombre.”


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