domingo, 4 de marzo de 2012

..."la nave de los locos"...texto seleccionado de Michel Foucault...



“...Al final de la Edad media la lepra desaparece del mundo occidental. En los márgenes de la comunidad, en las puertas de la ciudad, se abre algo así como grandes territorios que no están ya perseguidos por el mal, pero que se han dejado estériles y durante mucho tiempo abandonados, Por siglos y siglos estas extensiones pertenecían a lo inhumano.
Desde el siglo XVI hasta el XVII esperarán y reclamarán, a través de extraños hechizos una nueva encarnación del mal, otra mueca del miedo, magias renovadas de purificación y exclusión.
Un nuevo objeto hace su aparición en el paisaje imaginario del Renacimiento; bien pronto ocupará en él un puesto privilegiado: es la “Nave de los locos”, extraño barco embrujado que navega a lo largo de los ríos de la Renania y los canales flamencos.
En el Renacimiento la razón y la locura serán cada una la medida de la otra, en cuanto cada locura tiene su razón que la juzga y la domina y cada razón su locura en la cual ella encuentra su verdad irrisoria.
En un segundo momento, la razón acaba por afirmar su prioridad respecto a la locura, la cual no adquiere significado, ni valor excepto en el campo mismo de la razón.
La internación en el Hôpital des fous ( “Hospital de los locos” ) asume el significado de la neta separación, con la cual  a partir del siglo XVII, la nueva cultura intentará establecer entre la locura y la razón.
Separación que presupone la elevación de esta última al nivel de parámetro normativo tanto gnoseológico como ético, de orden sea individual sea social.
Si hay menos de ochenta locos en el “Hotel- Dieu”, donde prevale la línea terapéutica hay muchos centenares, quizás miles, en el”Hôpital General”, en el cual prevalece la línea correctiva. 
El loco era considerado un inútil para la producción industrial, pues el cuerpo fue considerado esencialmente fuerza productiva a partir de los siglos XVII y XVIII y todas las formas de dispendio que eran irreductibles a la constitución de las fuerzas productivas, manifestándose por consiguiente en su inutilidad, fueron vedadas, excluidas, reprimidas.
Pero son los instrumentos de exclusión, los aparatos de vigilancia, la medicalización de la sexualidad, de la locura, de la delincuencia, toda esta microfísica del poder, la que ha tenido, a partir de un determinado momento, un interés para la burguesía. La burguesía no se interesa por los locos, se interesa por el poder.
Intento analizar cómo, al comienzo de las sociedades industriales, se instauró un aparato punitivo, un dispositivo de selección de los normales y anormales.
Hay que estudiar el poder fuera del modelo del Leviatán, fuera del campo delimitado de la soberanía jurídica y por las instituciones estatales. Se trata de estudiarlo partiendo de las técnicas y de las tácticas de dominación.
En una sociedad como la del siglo XVIII, el cuerpo del rey no era una metáfora, sino una realidad política: su presencia física era necesaria para el funcionamiento de la monarquía.
Es el cuerpo de la sociedad el que se convierte a lo largo del siglo XIX, en el nuevo principio. A este cuerpo se le protegerá de una manera casi médica: se le van a aplicar recetas terapéuticas tales como la eliminación de los enfermos, el control de los contagiosos, la exclusión de los delincuentes. La eliminación por medio del suplicio es así reemplazada por los métodos de asepsia: la criminología, el eugenismo, la exclusión de los “denegados”.La locura es un caso privilegiado: durante el período clásico el poder se ejerció sin duda sobre la locura al menos bajo la forma privilegiada de la exclusión: se asiste entonces a una gran reacción de rechazo en que la locura se encontró implicada..."

                             


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