viernes, 23 de marzo de 2012

...Platón: "Fedón o sobre la inmortalidad del alma" (textos seleccionados)....



Introducción: Sócrates, prisionero, sentado familiarmente en el borde de su lecho en medio de sus discípulos, espera el momento de cumplir su sentencia. Resuelto Sócrates a dar a sus amigos el ejemplo de la filosofía, impuso reserva al dolor de sus amigos y no tardó en provocar una discusión sobre la inmortalidad del alma a los jóvenes pitagóricos Simmias y Cebes, discurso que se prolongaría hasta la puesta del sol, el instante señalado por la ley para beber de la cicuta. Será un discurso de sublime esperanza en una vida inmortal y bienaventurada.
Sócrates.- “...El discurso que se nos dirige en los Misterios, de que los hombres estamos en este mundo como los centinelas en un puesto que nunca podemos abandonar sin permiso, es quizás demasiado difícil y rebasa nuestra comprensión. Pero nada me parece mejor que esto: los dioses tienen necesidad de los hombres y éstos pertenecen a los dioses (...) por esta misma razón es muy justo sostener que uno no se puede suicidar.”
Cebes.- Me parece esto muy verosímil; pero lo que dijiste al mismo tiempo de que el filósofo desea voluntariamente la muerte me parece extraño. Pienso que los sabios se afligen en tener que morir.
Simmias.- ¿Qué pretenden, en efecto, los sabios que huyen de dueños mejores que ellos privándose voluntariamente de su apoyo? A ti se refieren las palabras de Cebes, que te reprocha el que te separes tan gustoso de nosotros y que abandones a los dioses, que según tu propia confesión son tan buenos dueños.
Sócrates.- Si yo no creyera encontrar en la otra vida dioses tan buenos y tan sabios y hombres mejores que los de aquí abajo, sería muy injusto si no me afligiera tener que morir. Pero sabed que espero reunirme a hombres justos (...) espero encontrar dioses, dueños muy buenos. He aquí el porqué de que no me aflige tanto la perspectiva de la muerte, confiando en que después de esta vida exista todavía algo para los hombres y que, según la antigua máxima, los buenos serán allí mejor tratados que los malvados...
 Simmias.- Y con estos pensamientos en el alma ¿querrías abandonarnos ahora, sin participárnoslas?
Sócrates.- Ya es tiempo de que os explique a vosotros que sois mis jueces las razones que me persuaden de que un hombre consagrado toda la vida a la filosofía, tiene que morir lleno de valor y con la firme esperanza de que al partir de esta vida disfrutará de goces sin fin...los hombres ignoran que los verdaderos filósofos sólo laboran durante la vida para prepararse para la muerte. La filosofía es una meditación sobre la muerte...pues ¿no es la muerte la separación del alma y del cuerpo, de manera que el cuerpo permanezca solo y el alma sola también?
Simmias.- Esto mismo.
Sócrates.- Pero, ¿qué diremos de la adquisición de la ciencia? Cuando no se le asocia al placer corporal, ¿es el cuerpo o no un obstáculo? Voy a explicarme, ¿tienen la vista y el oído algún viso de certeza o tienen razón los poetas de cantarnos sin cesar que en realidad nada vemos ni nada oímos? Porque si estos dos sentidos no son seguros ni verdaderos, los otros lo serán todavía mucho menos, siendo mucho más débiles.
¿Cuándo pues el alma encuentra la verdad? Porque cuando la busca con el cuerpo vemos claramente que éste la engaña e induce al error. ¿No te parece que por el razonamiento llega el alma principalmente a conocer la verdad? ¿Y no razona mejor que cuando prescinde del cuerpo y no tiene con él relación alguna en tanto que es posible, y se aferra a lo que es para conocerla? (...) Nada tan cierto como el dicho vulgar de que el cuerpo jamás conduce a la sabiduría. Porque, ¿quién es el que provoca las guerras, las sediciones y los combates? El cuerpo con todas sus pasiones . Sólo gozaremos de la sabiduría de la que nos decimos enamorados, después de nuestra muerte y nunca jamás durante esta vida (...) por este medio, libres y rescatados de la locura del cuerpo, hablaremos, como es verosímil, con los hombres que disfrutarán de la misma libertad y conoceremos por nosotros mismos la esencia pura de las cosas y quizás sea ésta la verdad, pero al que no sea puro no le será nunca dado alcanzar la pureza...."




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